23 de agosto de 2013 / 01:33 p.m.

El Cairo • El general Amer eligió pasar el domingo 18 de agosto en familia en el club Al-Ahly, en el barrio de Naser City, en el este de El Cairo. Es ahí donde aceptó hablar de la situación del país y compartir sus opiniones. “No mis opiniones, las informaciones factuales y documentadas”, precisa de entrada. Y dice esto: “Somos 90 millones de egipcios y no hay más que tres millones de Hermanos Musulmanes. Necesitamos seis meses para liquidarlos o encarcelarlos a todos. Eso no es un problema, ya lo hicimos en 1990”, se jacta.

El general se expresa en árabe, que su esposa traduce a un inglés perfecto —ella es guía turística, sin trabajo desde hace dos años por del desplome del número de visitantes desde la rebelión popular de enero de 2011—. “Hay 200 mil habitaciones de hotel vacías en el país”, se lamenta ella cuando su general enciende un cigarrillo. Los dos hijos, que juegan todos los días al tenis en el club, escuchan respetuosamente el discurso paterno. “Después los turistas volverán, también los inversionistas extranjeros. Y Egipto estará en paz en los próximos siglos”.

El general de policía sabe de lo que habla y no comparte ninguna de las inquietudes occidentales sobre el futuro de Egipto. A fines de 1990 fue el responsable de la seguridad en la provincia de Luxor, poco después de la masacre de 1997 en el templo de Hatchepsout que causó la muerte de 62 turistas. “Los Hermanos no ven más que dos posibilidades: dirigir Egipto o incendiarlo. Felizmente, somos el Ejército más poderoso del mundo árabe y el 14 a escala mundial. Somos el único país que ganó una guerra contra el terrorismo. Sabemos cómo hacerlo.”

A comienzos del 2000, el general dirigió en El Cairo una prisión reservada a los extremistas musulmanes. Dice haber reconocido a algunos de sus antiguos “clientes” entre los partidarios del presidente Mursi, derrocado el 3 de julio por el ejército y a quien acusa de haber liberado a 25 mil detenidos, entre ellos algunos ultra peligrosos.

¿Aun si estuvieran vacías tienen las prisiones egipcias capacidad para acoger a tres millones de Hermanos Musulmanes? “Quise decir que hay que matar o arrestar a sus líderes, 30 dirigentes y 500 subalternos. Entonces los demás volverán a sus casas. De todas maneras, ellos se manifiestan hoy porque se les paga.”

El general conoce los precios, dice. En la acampada (sit-in) de Rabiya al Adawiya, a tres kilómetros del club privado, cuya dispersión, el 14 de agosto, por el ejército y la policía dejó de 200 a 300 cadáveres sobre el pavimento, los “activistas sirios” recibieron 500 libras por día (70 dólares), los egipcios 100 libras, las mujeres 50 y los niños 30. En total (alimentos, logística, salarios), los dos sit-in de El Cairo donde se instalaron miles de pro Mursi, “que se dicen pacíficos aunque en verdad son terroristas armados hasta los dientes”, habrían costado 60 millones de libras por día a los Hermanos durante 48 días, es decir más de 400 millones de dólares.

Una bagatela para la coalición de los enemigos de Egipto, acusada por el general Amer de apoyar a la Hermandad: Turquía, Qatar, Israel y Estados Unidos (sic) —o más bien el presidente Obama en persona—. “Ellos querían simplemente abatir a nuestro país, pero supimos de ese complot”, dice. “Egipto es la primera civilización del mundo. Hemos sido invadidos muchas veces, pero siempre recuperamos nuestra soberanía.”

El general Amer es el responsable de la instrucción en el proceso contra Mursi. Extractos: “Es un espía de Hamas. Quiso vender 40% del Sinaí por 8 mil millones de dólares para recuperar la franja de Gaza. Obama fue quien le propuso el trato. Mursi también abrió miles de túneles hacia Gaza y estaba a punto de vender el sur de Egipto a Sudán y dio luz verde a Etiopía para construir una barrera que reduciría en 75% el agua del Nilo. También prohibió el turismo (sic) y tenía previsto alquilar, por cinco años, a Qatar todos los sitios antiguos, las pirámides, la esfinge, los templos... Destinó dos mil millones de dólares (sic) a la prensa extranjera para que ella alabe a los Hermanos Musulmanes.”

Al recorrer las calles y los restaurantes de El Cairo, al leer la prensa egipcia, pudimos constatar que estas “informaciones” son actualmente objeto de un cuasi consenso en el país. Es por otro lado un discurso comparable al que sostuvo, el 17 de agosto, en el palacio presidencial, Mustafá Hegazy, consejero político del presidente interino.

“Egipto no es un país débil, un país satélite”, proclamó. “Es un país soberano. (…) Nadie nos detendrá, nadie nos hará perder tiempo. (...) Vamos a impedir al fascismo teológico privar a nuestros ciudadanos de sus derechos elementales.”

Según Hegazy, los egipcios están más unidos que nunca ante el enemigo común que son los terroristas islámicos, y por el sueño común de marchar hacia el futuro y la democracia. “Lo que ocurre en las calles no es una disputa política. Cuando los terroristas queman las iglesias, abaten a los policías, disparan sobre los ciudadanos y prenden fuego literalmente a todas las ciudades del país, es una guerra.”

Para él, el gobierno egipcio es víctima de un gran malentendido, ante todo mediático y asegura: “Los egipcios están muy resentidos con la cobertura torcida y como tal parcial de la prensa extranjera”.

 — LA ALDEA POR SERGE MICHEL-LEMONDE