26 de abril de 2013 / 03:03 p.m.

Un día como hoy, pero de 1986, se produjo la explosión del reactor número 4 de la central nuclear de Chernobil, al norte de Ucrania, que arrojó a la atmósfera 50 millones de curies de radiación, equivalentes a 500 bombas de Hiroshima y mató, en el instante, a miles de personas, otros miles después y mantiene todavía perspectivas de muerte sobre unos 66.000 enfermos de cáncer.

Todos ellos quienes enfermaron como consecuencia del estallido de la central nuclear, producto de una serie de desaciertos en el manejo de la central, y que esparció residuos radiactivos sobre casi toda Europa.La cifra de enfermos fue proporcionada por el Partido Verde europeo y es muy superior a la que dio a conocer en su momento la Unión Europea.Los restos de la central nuclear, donde la reacción controlada se volvió súbitamente explosiva, seguirán en actividad durante miles de años, pero están sepultados bajo capas de cemento que impiden que la radicación se expanda.Los obreros que trabajaron para cubrir la central de esta manera también murieron en gran número.El accidente de Chernobyl, con una central nuclear anticuada y con medidas de seguridad insuficientes, fue un duro golpe para la generación de energía mediante la radiactividad, que no obstante es mucho mas “limpia” que la que usa combustibles fósiles, ya que no envía anhídrido carbónico a la atmósfera. A diferencia de los métodos eólico, solar y mareomotriz, por ejemplo, la generación nuclear es capaz de satisfacer rápidamente el creciente requerimiento de energía del mundo entero.Expertos calculan que por mucho que se desarrollen las técnicas de energía alternativa, durante todo este siglo no alcanzarán a cubrir más del cinco por ciento de la demanda total de energía del planeta.Algunos países, como Francia, generan gran parte de su electricidad con centrales nucleares. Otros, como Italia, tienen prohibida la instalación de estas plantas en su territorio, pero importan electricidad de Francia.Al accidente de Chernobyl siguió hace poco el de Fukushima, en el norte del Japón, atribuido a maremoto que siguió a uno de los terremotos más devastadores que sufrió aquel país, ubicado en el llamado “círculo de fuego” del oceáno Pacífico, donde se produce la mayor actividad volcánica y sísmica del planeta.Las consecuencias todavía no se pueden evaluar por falta de datos y porque el accidente no ha terminado. Tampoco terminó el de Chernobyl, donde la planta fue “sepultada” en un sarcófago de cemento que impide salir a la radiación, pero este sigue en acción y lo hará por miles de años.Se ha dicho que el “sarcófago” de Chernobyl se está resquebrajando, sometido a la tremenda presión y temperatura del reactor, pero en Ucrania no hay dinero para trabajar en él, de modo que la comunidad internacional, que suele ser tan rápida y convincente cuando se trata de bombardear países petroleros para asegurar la libertad, deberá ver de qué modo resuelve este otro problema antes de que vuelva a producir miles de víctimas.En el Japón por ahora no se conocen planes claros para el futuro en cuanto a Fukushima, que de todos modos saldrá de actividad definitivamente, ni para el resto de las centrales nucleares en un país que las necesita para producir su energía, ya que carece de petróleo y de carbón.

Agencias