AGENCIAS
28 de julio de 2013 / 05:30 p.m.

Washington-Pyongyang • El presidente Barack Obama declaró ayer que el armisticio que puso fin a la guerra de Corea no constituyó “un empate” sino una "victoria" de Estados Unidos, al cumplirse 60 años del fin de ese conflicto.

Las declaraciones del mandatario estadunidense aparecen como un contrapunto a las ceremonias que se desarrollaron en Pyongyang, donde el presidente norcoreano Kim Jong-un inauguró un museo renovado dedicado a la guerra de Corea.

El conflicto entre la Corea del Norte comunista y la Corea del Sur capitalista concluyó el 27 de julio de 1953, luego de tres años de guerra tras los cuales ambos países conservaron lo esencial del territorio que controlaban antes del comienzo de las hostilidades.

Pese a ello, Pyongyang celebra el armisticio como si se tratara de una "victoria" de su campo.

"Hoy y aquí podemos decir con confianza que la guerra no terminó como un empate sino como una victoria", reviró Obama en los alrededores del monumento levantado en Washington en memoria a los veteranos de ese conflicto.

"Cuando 50 millones de sudcoreanos viven libres, en una vibrante democracia y una de las economías más dinámicas, hay un violento contraste con la represión y la pobreza que padecen" los habitantes del norte de la península. "Es una victoria, es nuestro legado", agregó.

Pero mientras Obama hablaba, el régimen norcoreano exhibía su arsenal y el fervor patriótico de su pueblo con un desfile militar colosal.

El número uno norcoreano, Kim Jong-un, contempló junto con el vicepresidente chino Li Yuanchao el paso de las columnas de tanques y de misiles de diverso alcance.

Durante el desfile, Choe Ryong-Hae, máximo grado militar del ejército norcoreano después de Kim, exaltó la superioridad de su país que permitió, según él, derrotar al enemigo estadunidense.