AGENCIAS
28 de julio de 2013 / 05:22 p.m.

El Cairo • Al menos 72 personas murieron ayer en El Cairo en los enfrentamientos entre partidarios del presidente derrocado Mohamed Mursi y las fuerzas de seguridad, los más mortíferos desde su caída, lo que ha llevado al nuevo gobierno a anunciar su voluntad de poner fin a la protesta islamista.

Ambos bandos se culparon de la violencia, que dejó también nueve muertos el viernes en Alejandría (norte) y agravó la división del país en el que en total más de 250 personas han perdido la vida en un mes de graves disturbios políticos.

Cientos de personas resultaron heridas por armas de fuego y debido a los efectos del gas lacrimógeno, según personal médico del hospital de campaña instalado en la plaza Rabba Al Adaweyah citado por la agencia estatal de noticias egipcia, MENA.

La más alta autoridad musulmana de Egipto, el imán de Al Azhar, jeque Ahmed al Tayeb, pidió una "investigación urgente" y el vicepresidente del poder de transición, el premio Nobel de la Paz Mohamed ElBaradei, afirmó que condenaba "enérgicamente el uso excesivo de la fuerza".

Por su parte, los Hermanos Musulmanes, grupo al que perteneció Mursi hasta que accedió a la presidencia, afirmaron anoche que la cifra de muertos se elevaba a 66 en las inmediaciones de la plaza de Rabba al Adaweyah.

El ministerio del Interior acusó a la Hermandad de haber disparado perdigones y de intentar bloquear el puente 6 de octubre, uno de los principales de la ciudad.

Asimismo, el ministerio aseguró que la policía solo empleó gases lacrimógenos contra los manifestantes, que, subrayó, se enfrentaron a vecinos de Ciudad Naser a pedradas y con disparos de perdigones.

Pero, según los islamistas, fueron los agentes policiales, apoyados por baltaguiya (matones), quienes atacaron a los manifestantes pro Mursi, contra quienes dispararon balas y perdigones a cabezas y torsos.

El ministro del Interior, Mohamed Ibrahim, anunció el desmantelamiento "muy pronto" de dos campamentos en El Cairo en el que se han instalado miles de partidarios de Mursi desde su derrocamiento.

Prometió una intervención "en el marco de la ley" intentando que haya "el menor número de pérdidas posible", pero pidió a los manifestantes que abandonen el lugar "para evitar un derramamiento de sangre".

Anoche, miles de pro Mursi que acampan en Rabba al Adaweyah rompieron el ayuno del ramadán en calma y se disponían a pasar una nueva noche en el lugar. Desplegaron pancartas con la palabra “pacífico”, en respuesta a las acusaciones de provocar disturbios.

El mandatario egipcio interino, Adli Mansur, presidió ayer una reunión celebrada en el Palacio Presidencial, donde acudieron el primer ministro Hazem el Beblaui, el vicepresidente de Relaciones Exteriores, Mohamed el Baradei, y el jefe del ejército, Abdel Fatah al Sisi, así como Mohamed Ibrahim y los ministros de Justicia, Adel Abdel Hamid, y el de Exteriores, Nabil Fahmi, entre otros.

El secretario de Estado de la Unión Americana, John Kerry, dijo ayer que su país está "profundamente preocupado" por "el derramamiento de sangre y por la violencia".

Las autoridades egipcias "tienen la obligación moral y legal de respetar el derecho a manifestarse de manera pacífica y la libertad de expresión", indicó Kerry en un comunicado.

La violencia estalló este viernes después de que una corte en El Cairo acusó al depuesto presidente de homicidio, secuestro y conspirar con el movimiento palestino Hamás, y ordenó su detención por 15 días.

El ejército derrocó al mandatario Mursi el 3 de julio, argumentando que no podía solucionar la grave crisis política que sacude al país desde su elección en junio de 2012, y nombró a Mansur como presidente civil interino para llevar a cabo la transición antes de la celebración de legislativas, en principio a inicios de 2014, y de una presidencial.

Los Hermanos Musulmanes denuncian un golpe de Estado y aseguran querer defender la legitimidad del presidente electo.