EFE
26 de julio de 2013 / 01:27 p.m.

Madrid• Preocupados, casi descompuestos, con el rostro demacrado: los familiares de los pasajeros del tren descarrilado el miércoles en Santiago preguntan sin cesar por los suyos, deseosos de saber qué ocurrió con ellos.

Son familiares de las víctimas del accidente de tren ocurrido en la noche del miércoles en Galicia, que se cobró la vida de 80 personas y dejó al menos 170 heridos.

En el centro multiusos de Fontes do Sar, en Santiago, donde se instaló un tanatorio provisional, familiares y amigos buscaban ayer a los suyos o cualquier información que les pudiera llevar a ellos.

“¿Y mi familia? Estamos buscando por todas partes, madre mía”, grita desesperado un hombre cuyos parientes viajaban en el tren.

A su lado otra mujer con lágrimas en los ojos busca a su tía: “¿Está aquí? Mi tía tiene setenta años, si no aparece su nombre en la lista no me dejan entrar. Estamos todos repartidos entre unos puntos y otros para ver quién obtiene información antes. Esto es desesperante”.

Una vecina de un pueblo cercano, Reyes Pérez, aguardaba en la capital gallega noticias sobre su sobrina Nerea, de 26 años, que también viajaba en el ferrocarril.

“Esperar, esperar y esperar. Es horrible. Si están inconscientes y ellos no se pueden identificar que nos dejen ir a los hospitales a identificarlos”, se lamentaba a las puertas de un edificio habilitado para atender a los familiares de las víctimas.

Los vecinos más próximos al lugar del siniestro fueron los primeros en llegar a las vías del tren. Abel Rivas e Iván Ramos declararon a la prensa estar “impactados” y, al relatar los hechos, contaron que “escuchamos un ruido tremendo, enorme, como nunca. Bajamos y ya vimos el convoy separado en dos trozos”.

“Vimos una polvareda enorme y uno de los vagones estaba ya incendiado”, dijeron y apuntaron que vieron a “gente demacrada ayudando a sacar a niños”.

Los habitantes de los alrededores fueron también los primeros en aportar ayuda al llevar mantas y agua para los heridos y colaborar en las tareas de rescate de los supervivientes de los vagones destrozados.

No solo los vecinos del lugar se movilizaron, sino todo Santiago de Compostela. Las largas filas a las puertas de hospitales y centros de salud para donar sangre se multiplicaron durante toda la madrugada.

Silvia, Bruno y José son solamente tres ejemplos de la gran solidaridad ciudadana. Se acercaron porque “es lo mínimo que podíamos hacer”.

Mientras tanto, la psicóloga Teresa Marín, que se encontraba realizando el Camino de Santiago (ruta de peregrinaje para venerar las reliquias del apóstol Santiago el Mayor), se desplazó sin dudarlo al edificio habilitado para los familiares.

Reconoció sentirse consternada y declaró que ve a los familiares de las víctimas “muy contenidos emocionalmente”.

“He visto muchísima solidaridad y buena organización” declaró esta alicantina que el martes regresará a su ciudad. “Hasta entonces, estaré disponible para ayudar”.