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La suboficial Mendoza, la mamá

La madre de familia dura dos horas para ponerse un traje de respiración autónoma, con un tanque de aire, un chaleco antibalas de 8 kilos y un arma.

desmanteladora de ‘narcolaboratorios’. | FOTO: MILENIO 
MILENIO DIGITAL

MÉXICO.- Como muchas madres que celebran su día, las que trabajan en las fuerzas del seguridad, como las policías federales, dividen su tiempo entre su familia y su compromiso con el país. El riesgo que enfrentan es, muchas veces, no volver a casa.

Hace diez años que la suboficial Mendoza dejó sus labores de ama de casa. Desmantelar narcolaboratorios consume ahora la mayor parte de su tiempo: entre dos o tres horas para ponerse un traje tipo B de respiración autónoma, con un pesado tanque de aire comprimido, un chaleco antibalas de hasta 8 kilos de peso y, muchas veces, un arma. Ese es el comienzo de su jornada, porque ya con esa vestimenta tarda hasta tres días en realizar su trabajo. Y ahí, dentro del traje de polietileno, la temperatura sube con inclemencia y ella debe resistir.

Cuando Mendoza ingresó a la Policía Federal, primero desempeñó labores administrativas y poco a poco se fue integrando como operativa, ha recibido capacitación de la Secretaría de Marina, de la Procuraduría General de la República y en Estados Unidos de la DEA y del Departamento de alcohol, tabaco, armas de fuego y explosivos. Siempre con el apoyo de su propia madre, quien la ayuda a cuidar a sus hijos y a asistir a juntas, festivales y otro tipo de celebraciones.

?Cuando le preguntaban en qué trabajaba su mamá, decía: mi mamá se va de noche y regresa ya de noche, porque es salir a las 5 de la mañana y regresar a las 11 o 12 de la noche aquí, y pues en el día a día mi trabajo consiste en venir, estar todos los días en capacitación y estar aquí. Salir fuera implica no estar hasta tres meses o más, no se sabe nunca. Es difícil, yo veo a otras compañeras que tienen pareja que les cuesta más trabajo, porque no se entiende por qué deben estar fuera tanto tiempo?.

Madre soltera, ingresó a esta corporación cuando el más pequeño de sus dos hijos tenía apenas 5 años y ahora no solo es la única mujer que queda en su área. Su tarea consiste en asegurar, evaluar, procesar y desmantelar los inmuebles donde se diseñan drogas sintéticas, para ello requiere un equipo especial y una actitud a prueba de todo.

?Es difícil, está uno dividido, una parte de uno está trabajando, pero la otra parte está con ellos. Es como si uno los llevara todos los días, aunque la preocupación la tenga que dejar uno a un ladito para poder hacer el trabajo, pero es algo difícil, no deja uno siempre de pensar en casa, y pues los encomienda uno, ¿verdad?, donde estén; sí es algo muy difícil?, dice la policía que ha participado en importantes operativos como los realizados en diversas comunidades de Michoacán en el aseguramiento de inmuebles donde los conocidos como cocineros fabrican drogas.

De acuerdo con el comandante Hernández, mando superior de Mendoza, la participación de la Policía Federal en estas labores es fundamental para erradicar el narcotráfico en el país, por lo que la labor de hombres y mujeres en esta tarea tiene el mismo valor y responde a un compromiso con nuestro país.

Este mando superior relata que la capacitación que ha recibido su elemento ha sido muy valiosa, porque el contacto con las sustancias nocivas pueden generar riesgo de padecer cáncer, como sucede, generalmente, a los cocineros que cuando son aprehendidos ya tienen señales de los efectos de su actividad.

Actualmente, la institución cuenta con 40 mil elementos, de los cuales, 8 mil 96 son mujeres; 4 mil 500 son mamás, y 640 tienen una antigüedad mayor a 15 años. Esto quiere decir que ellas han invertido en esta institución una gran parte de la edad de sus hijos, por eso, aquí se cuenta, entre otros apoyos, con una guardería con opción a tiempo completo.

?¿No le da miedo? ?se le cuestiona a la suboficial.

?Pues mis hijos dicen que sí estoy medio? que quién sabe qué pienso, porque yo les digo que no me da miedo, que me gusta lo que hago. Sí tiene uno siempre cierto temor, por ellos, piensa uno en que no te pase nada porque quieres regresar, tienes por quién volver a casa, alguien te espera, pero le echa uno ganas.

La suboficial y muchas otras madres que colaboran en las fuerzas de seguridad de nuestro país arriesgan su vida cotidianamente para dejarle a sus hijos, y los de todas, un mejor país.

?Desde que llega uno aquí, uno sabe que existe el riesgo de no volver?, sentencia. 



mmr